
Me apoyé contra la pared de un corredor y observé, detenida. Sonidistas, actores y directores circulaban sin descanso, y yo parada en silencio. Fascinada, tan campante. Un hombre, de pelo oscuro y voz fuerte, gritaba cada vez que pasaba cerca mío “nooooseeeeaaaaaapaaaasillllllen”, y las cosas seguían dando vueltas. Actores, maquilladoras, directores, sonidistas, el dueño del perro, el perro, las asistentas. Y el hombre, a modo de peaje, repetía cada vez "noseeeeeeeapasiiiiiiiiiillen".
Cuando ya había pasado casi una hora, varias tomas, más de una escena, y hasta cambio de actores, se hizo un receso. Al pasar cerca mío el gritón me guiñó el ojo y me lo dijo en secreto: "noseapasillen". Entonces me di cuenta. Actores, directores, sonidistas, el perro, todos se retiraron, y quedé yo parada contra la pared del corredor; encima mío dos carteles idénticos "no pararse en el pasillo por favor". Uno a mi izquierda y uno a mi derecha.
Al otro día, cuando volví, noté que nadie, salvo el hombre de la voz fuerte, se había percatado de mi superlativo papelón...Cuando aparecí, me miró con complicidad y sonrió.
Lo mío, supongo, fue torpeza de principiante. Lo de él, sospecho, paciencia de experiente.
P.D.: Sé que la palabra experiente no existe, pero no me importa.