domingo, 20 de enero de 2008

A paso lento


Me frustra la gente que anda apurada, que no se detiene ante las cosas, ni las grandes ni las pequeñas. Dicen que no tengo dimensión del tiempo, a veces la pierdo-y cómo me gusta perderla- pero la tengo, lo que pasa es que siempre que puedo me detengo. Nada en esta vida me va a llevar cinco minutos, y que me recuerde -pues en estos días casi me olvido- que disfruto más con quienes parece que se olvidaran del tiempo. Ni una visita ni un llamado de sólo cinco minutos, nunca me serán suficientes. Lo único que logro hacer rápido es correr una carrera. Si voy lento siento que no me pierdo de nada. Desde pequeña tengo un problema con el tiempo, o mejor dicho, con el apuro.
P. D. : En la imagen con Mechi bajamos del estereotipo de la lentitud, el bondi que nos lleva a Los abriles. El vehículo más lento del mundo. Fue este invierno, en agosto creo.

jueves, 10 de enero de 2008

Liquidación por cierre

Hay momentos de la vida en los que digo basta. Fui tolerante, fuerte, paciente, pero hay momentos en los que digo basta. No quiero que me lastimen más, que me molesten más, que me hagan doler. Voy a expulsar estas dos piedras que hace poco me diagnosticaron y prometo con firmeza que la pequeña fábrica de piedras que tengo en el riñón se clausura.

Recuerdo de juventud

Hoy de repente me acordé de R. La conocí hace unos años, el otoño que cumplí diecisiete. Me hacía un estudio de orientación vocacional porque yo andaba bastante perdida, o mejor dicho, negada a descubrir qué quería hacer de mi vida. R tendría unos sesenta y largos cuando empecé mi estudio, que duró mucho más de lo previsto por la profunda amistad que trabamos. Es una de esas personas que vive con intensidad; la felicidad, el dolor, el amor, la amistad. Todavía mantiene sus siete íntimas amigas de colegio, se juntan una vez por semana para ponerse al día. Enviudó hace años pero todavía se le ilumina la cara cuando habla de su marido. Sabe disfrutar de las etapas de la vida, de su madurez, y de alguna vez haber sido joven . Decía que guardaba como recuerdo de juventud la sensación en verano de mirarse al espejo después de darse una ducha y ver y sentir las huellas del sol en la piel. De tener toda la cara quemada, y verse los ojos y la sonrisa resaltar entre lo oscuro de la piel. Hoy, después de la playa, y después de una ducha, de repente me acordé del recuerdo de juventud de R.
P.D. : El "hoy" no es hoy, fue el 6 de enero.
P.D. : La imagen no me convence.
P.D. : Ambas aclaraciones se deben hacer por la misma razón: escasez teconológica en el verano.


martes, 1 de enero de 2008

Pétalos sagrados.

Hay historias sagradas que se guardan en los rincones más íntimos, esas historias son las que algún día nos harán quienes somos. La vida da vueltas. Vueltas. Fe y paciencia, es eso lo que se necesita. Siempre, ojalá. Fe y paciencia.

P.D. : No hay imagen porque los recursos tecnológicos del verano no me lo permitieron.

viernes, 28 de diciembre de 2007

No-días

En estos días la gente pierde la cordura. Los días 26 y 27 están destinados a dar vueltas. Trámites. Todas esas cosas que quedaron pendientes y que nadie quiere llevarse como pendiente para las vacaciones. Son no-días. Este año no asumí pendientes a la lista, por primera vez no invertí estos días en vueltas inútiles, en cambio, me detuve a descansar.

sábado, 15 de diciembre de 2007

¡Oferta!

Me divierte el perfil culposo del materialismo nacional. Basta con hacer un día de ofertas que toda la culpa que siempre provoca comprar, desaparece. La gente se llena de bolsas, se gasta todo su sueldo, compra cosas útiles e inútiles, pero lo hace con tranquilidad, porque todos lo hacen, y porque es de “vivo” saber comprar en momentos de oferta. No ofenden a nadie porque lo hacen en día de oferta, no son materialistas porque lo hacen en día de oferta. Y los que no van, aquellos que quizá prefieren comprar sin un 18,03% menos a tener que sobrevivir las aglomeraciones del descuento, son ahora los culpables. Los materialistas que no necesitan comprar en día de oferta.

Noche de estreno.


Pasé un día en busca de las palabras indicadas. Después preferí que no llegaran. Por ahora, guardo nada más que el recuerdo vivo de sentir la primera carcajada, la segunda, la tercera. ¿Cómo se explica esa sensación tan perfecta? Ellos ahora existen, y yo volví a ser yo. Me alejo y siento alivio, los personajes tomaron vida, la historia tiene su lugar, y yo recupero mi libertad. Me alejo. Y me llevo en el pecho el recuerdo de esa sensación que todavía no quiero contar, que aún prefiero guardar sin palabras.

P.D. : En la imagen, con el mismísimo Adolf. Me hubiese gustado que Ema también apareciera en la foto. Pero Adolf, como buen Adolf llegó muy puntual. Y Ema, como buena Ema, llegó muy tarde.